Entre el autoritarismo y la permisividad: la firmeza. La clave por una buena educación de nuestros hijos.

A menudo confundimos firmeza con autoritarismo y, si no queremos caer en este estilo educativo, acabamos siendo demasiado permisivos.

Ser padres es una gran responsabilidad: poner normas, límites, hacer que se cumplan y sobre todo guiar al niño a unos valores, ritmos, rutinas, hábitos y horarios que afectarán su desarrollo vital. En estos casos, tendremos que decidir nosotros y hacer que se cumplan los objetivos que nos marcamos. En cambio, en el terreno más personal, ya elegirá él qué quiere: con la ropa, con que juega, como se viste o peina…

Recuerda que no tenemos que tener miedo a tomar decisiones a pesar de no ser aprobadas por nuestros hijos, los cuales están más focalizados en su bienestar inmediato.

La forma en la cual establecemos estas normas y límites será el que nos convertirá en una madre o padre firme o en una madre o padre autoritario. Hay un tercer tipo, el padre o madre permisivo, que siempre delega la responsabilidad a la voluntad del hijo. Así, los niños sin este guía crecen más inseguros.

 

Las claves para la firmeza

La firmeza significa que las decisiones y las rutinas son sólidas y estables y que tú, el adulto, lo defines y te encargas que se respete. La firmeza es el mapa que permite que todos los miembros de la familia sepan cómo funcionan las cosas en el grupo. Así, si todos conocemos y respetamos el funcionamiento, nos ahorramos conflictos.

 

El autoritarismo

Los padres autoritarios son los que imponen sus normas mediante tres herramientas principalmente: el castigo, el chantaje y las amenazas. Las casas donde se grita y se amenaza, es donde hay falta de obediencia.

El problema es que los niños se acaban acostumbrando a hacer las cosas para recibir un premio o para evitar un castigo. Así, la motivación del nin no es la adecuada.

 

Cuestión de motivación: interna versus externa

La motivación es la razón que nos incita a empezar conductas o acciones y a mantenerlas. En formado pregunta, seria: por qué lo hago?
Hay dos tipos de motivación: interna y externa.

La motivación intrínseca es la que nos impulsa a hacer cosas por el mismo gusto a hacerlas. La misma ejecución de la tarea es la recompensa.

La motivación extrínseca surge cuando la recompensa viene fuera de la actividad. Sirve para aumentar la conducta a corto plazo. A largo plazo, varios estudios señalan que puede producir un efecto contrario. Para mantener una conducta, hay de haber cierta motivación intrínseca, que sería la actitud que tiene el niño hacia las actividades y quehaceres del día a día.

 

Como fomentar la motivación interna de nuestros hijos

  • Sensación de significado. Tenemos que implicar al niño, que vea que tiene un sentido, tiene que mostrar un compromiso hacia el propósito.
  • Sensación de elección. Tienen que poder elegir el camino y la forma de cumplir este propósito, intentar no imponer.
  • Sensación de competencia. Reforzar cuando lo hace bien, que sienta que es capaz y que tiene las habilidades suficientes para llevarlo a cabo.
  • Sensación de progreso. Intentar hacerle ver que se está progresando, que no está estático, que avanza hacia el propósito.

 

La firmeza

Significa ejercer autoridad sostenida en la razón, en la capacidad de comprender de los niños, según su nivel de desarrollo, teniendo en cuenta que tienen derechos y también obligaciones. No es imponer “porque sí” o “porque lo digo yo y punto”, ni castigar de forma impulsiva, en momento de ira. Tampoco es ceder o quitar castigos por lástima o pena. Si no, el niño aprenderá a actuar según los impulsos y enrabiadas del momento. La firmeza implica ser congruentes, consistentes y consecuentes. No podemos hablar de unos límites y unas consecuencias si después no se cumplen.

 

Es difícil encontrarle el punto de la firmeza, muchas veces nos pasamos de permisivos o de autoritarios. Por este motivo, si nos sentimos desbordados o sobrepasados en la educación de nuestro hijo o no sabemos como manejar problemas de conducta, mejor acudir a un especialista que nos ayude a solucionar el problema y nos dé pautas concretas para manejarlo. Sería conveniente actuar rápidamente y prevenir, antes de que el niño crezca y el problema se agravie.

 

 

Margalida Caimari

Psicóloga infanto-juvenil

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