Las infecciones de transmisión sexual —también conocidas como ITS o enfermedades de transmisión sexual— han aumentado en los últimos años, especialmente entre la población joven. Esta realidad preocupa a profesionales sanitarios, familias y centros educativos, no solo por sus consecuencias físicas, sino también por lo que nos está diciendo sobre cómo estamos acompañando la educación sexual y afectiva de niños, niñas y adolescentes.
En este contexto, Mélanie Perpiñá Del Campo, psicóloga y directora de ClínicaMent, participó en el informativo de IB3 para aportar una mirada psicológica sobre este fenómeno y reflexionar sobre una pregunta clave: ¿por qué están aumentando las ITS entre los jóvenes?
Más información no siempre significa mejor información
Vivimos en una época en la que adolescentes y jóvenes tienen acceso inmediato a una enorme cantidad de información. Sin embargo, tener acceso a información no significa necesariamente estar bien informado.
Uno de los puntos que destaca Mélanie Perpiñà en su intervención es el papel que puede estar teniendo la pornografía como fuente principal de aprendizaje sobre sexualidad. Muchos adolescentes llegan a sus primeras relaciones sexuales habiendo recibido más mensajes de internet, redes sociales o pornografía que de conversaciones claras, afectivas y adaptadas a su edad.
Esto no significa que la pornografía explique por sí sola el aumento de las ITS, pero sí nos invita a reflexionar: si no hablamos de sexualidad en casa, en la escuela o en espacios seguros, otros contenidos ocuparán ese lugar. Y esos contenidos no siempre enseñan consentimiento, cuidado, respeto, prevención, comunicación o responsabilidad afectiva.
Adolescencia, cerebro y conductas de riesgo
La adolescencia es una etapa de exploración, descubrimiento y búsqueda de identidad. También es un momento en el que pueden aparecer más conductas impulsivas o de riesgo.
A nivel madurativo, el córtex prefrontal —la zona del cerebro relacionada con la planificación, el control de impulsos, la toma de decisiones y la valoración de consecuencias— todavía está en desarrollo durante la adolescencia. Esto no significa que los adolescentes “no sepan decidir”, sino que necesitan acompañamiento, información clara y adultos disponibles que les ayuden a pensar, anticipar riesgos y tomar decisiones más seguras.
En esta etapa, muchas personas empiezan a tener relaciones sexuales, pero no siempre cuentan con herramientas suficientes para hacerlo desde el cuidado: saber poner límites, pedir consentimiento, usar métodos de protección, reconocer situaciones de presión o consultar ante dudas sin miedo ni vergüenza.
La educación sexual y afectiva empieza mucho antes de la adolescencia
Hablar de sexualidad significa educar, desde edades tempranas, en el conocimiento del propio cuerpo, el respeto, la intimidad, los límites, el consentimiento, la autoestima y la confianza para preguntar.
Desde los 5 años, aproximadamente, ya podemos empezar a hablar de estos temas de forma sencilla, clara y adaptada a la edad. Nombrar correctamente las partes del cuerpo, explicar que hay partes íntimas, enseñar que nadie debe tocar su cuerpo sin permiso o transmitir que pueden acudir a nosotros si algo les incomoda también forma parte de la educación sexual.
Cuando estos temas se convierten en tabú, el mensaje que reciben los niños y adolescentes es que no se puede hablar de ello. Y, si no pueden hablar con sus adultos de referencia, es más probable que busquen respuestas en fuentes poco fiables.
La educación sexual y afectiva no es una conversación única. Es un acompañamiento que se construye a lo largo de toda la vida.
Educar desde la conexión, no desde el miedo
Es importante que las familias no aborden la sexualidad desde el miedo, la amenaza o la prohibición. Educar desde el miedo puede generar distancia, vergüenza o silencio.
En cambio, educar desde la conexión emocional permite que los hijos e hijas sientan que pueden preguntar, contar lo que les preocupa y pedir ayuda si la necesitan. El objetivo no es controlar, sino acompañar. No se trata de dar una charla perfecta, sino de abrir una puerta.
A veces basta con empezar con frases sencillas:
“Puedes preguntarme cualquier cosa, aunque te dé vergüenza.”
“Si alguna vez tienes dudas sobre tu cuerpo, tus relaciones o algo que has visto, puedes hablar conmigo.”
“No me voy a enfadar por preguntarme.”
“Prefiero que lo hablemos juntos a que te quedes con dudas o busques información en cualquier sitio.”
Este tipo de mensajes construyen confianza y hacen que la familia se convierta en una fuente segura de información.
El papel de los adultos: acompañar, informar y pedir ayuda cuando sea necesario
Como adultos, tenemos la responsabilidad de ofrecer información válida, adaptada y respetuosa. Esto implica hablar de prevención de ITS, uso del preservativo, consentimiento, relaciones sanas, presión de grupo, pornografía, autoestima y cuidado emocional.
También implica reconocer que no siempre tenemos todas las herramientas. Muchas madres y padres no recibieron educación sexual en su infancia o adolescencia, y es normal que puedan sentirse incómodos, inseguros o sin saber por dónde empezar.
En esos casos, pedir ayuda profesional puede ser una buena forma de encontrar orientación. Los psicólogos y psicólogas pueden acompañar tanto a las familias como a los adolescentes para abordar estos temas con calma, sin juicio y desde una perspectiva saludable.
Hablar protege
El aumento de las infecciones de transmisión sexual nos recuerda que la prevención no depende solo de campañas informativas o del acceso a métodos de protección. También depende de la educación emocional, de la comunicación familiar y de la posibilidad de hablar de sexualidad sin miedo.
Hablar de sexualidad no empuja a los adolescentes a tener relaciones antes. Al contrario: les ayuda a tomar decisiones más conscientes, cuidadas y responsables.
En ClínicaMent creemos que la educación sexual y afectiva debe abordarse desde la información, la confianza y el respeto. Porque cuando los niños, niñas y adolescentes tienen adultos disponibles, fuentes fiables y espacios seguros para preguntar, están más preparados para cuidar de su salud, de sus relaciones y de sí mismos.
Si como familia necesitas orientación para abordar estos temas en casa, nuestro equipo de psicología puede ayudarte a encontrar la forma de hacerlo con naturalidad, claridad y conexión emocional.



